«Se ha dado un salto tecnológico, pero también de diseño»,
destaca De la Peña. No se refiere únicamente a la redondez del formato. Y
es que en Samsung han querido convertir una pieza clásica como el bisel
en una solución para manejar este aparato en cuestión. Girándolo, uno
podrá moverse cómodamente por las diferentes aplicaciones del Gear S2
que, a pesar de utilizar el software Tizen, será compatible con todos
los terminales Android. «Se trata de utilizar una pieza analógica, a la
que estamos relativamente acostumbrados, con fines digitales y crear un
control más intuitivo».
Al margen de los grandes fabricantes, surgen ideas que quieren combinar la cuantificación física con esferas clásicas
El de Samsung ilustra dos de los grandes debates -el
tercero, cómo no, es la batería- que se articulan alrededor de la
tecnología wearable: cómo se interactuar con ellos y el aspecto. En lo
que se refiere a este segundo punto, antes de ellos, apostaron por hacer
relojes circulares LG o Huawei, entre otros tantos. El último en subirse al carro ha sido Pebble, que tras batir récords con sus campañas de «crowdfunding», ha presentado Pebble Round. Con él, vuelven a apostar por la fórmula de la tinta electrónica en color para lograr varios días de autonomía.
En lo que se refiere al manejo de los relojes inteligentes
hasta el momento, además de las pantallas táctiles, se han visto
soluciones basadas en el control por voz o en los botones físicos. Por
ejemplo, Apple, que acaba de actualizar el software de su Apple Watch, apostó por convertir un elemento como la corona digital en una herramienta para interactuar con el sistema.
«Hay que tener en cuenta que el usuario se ha acostumbrado a usar pantallas de unas cinco pulgadas en los móviles», recuerda Rikke Gertsen.
«El diseño es vital en la tecnología, pero más en los wearables»,
asegura esta danesa que ejerce como directora de arte en Sony, la
primera de las grandes empresas del gremio que apostó por los
«smartwatches».Todo está condicionado por por el formato, «pensado para
llevar en la muñeca». «Ahí tienes que encajar piezas como una antena o
una pantalla cómoda de utilizar. Un reloj inteligente es un punto de
encuentro muy interesante entre moda y tecnología», remacha Gertsen.
Más de cien millones de relojes
El sector navega entre los experimentos y las certezas con
el fin de hacer de este producto un éxito de masas. Firmas como IDC o
Juniper Research auguran que para 2018 el mercado moverá anualmente 112
millones de unidades. La entrada en juego de Apple y su poderosa
maquinaria de marketing parece haber azuzado el interés por estos
dispositivos, tras vender 3,6 millones de relojes -según IDC- y colocarse como segundo vendedor del mundo de tecnología vestible tras Fitbit.
Sin embargo, hay otros que ven nuevas señales de este
despegue. La Federación de la Industria Relojera suiza informó que el
pasado mes de julio sus exportaciones cayeron un 10% frente al mismo mes
de 2014. La caída fue especialmente sensible en Asia y muchos creen que
la irrupción de estos gadgets han impactado en la demanda. De momento,
Tag Heuer ya ha movido ficha con una alianza con Intel y Google para
crear una de estas máquinas.
Una correa inteligente
Mientras se augura un nuevo pulso «techie» entre Samsung y
la manzana, hay iniciativas que, con el mismo espíritu, discurren por
distinto camino. Así Sony, con una plataforma de «crowdfunding»
destinada a sacar adelante ideas de sus empleados, ya trabaja en Wena,
un reloj tradicional donde la inteligencia reside en la correa.
Ésta permitirá hacer pagos, monitorizar la actividad física
o, incluso, recibir alertas. Una idea muy similar a la de Runstatic
Moments. «Puedes disfrutar el estilo y la funcionalidad de un accesorio
tradicional, y al mismo tiempo las funciones y tecnología de una pulsera
fitness», comenta Christian Kaar, cofundador de la compañía recientemente adquirida por Adidas.
«La situación me recuerda al de los móviles hace unos
años», comenta. «Al principio los teléfonos Nokia también se llamaban
smartphones, pero no tenían que ver mucho con los que vemos a día de
hoy», analiza Kaar, quien destaca que al final «elementos como el GPS o
el Bluetooth Smart han acabado en teléfonos normales». «Creo que este es
también el caso con los smartwatches. Habrá muchas funciones en el
futuro que probablemente nadie ha pensado hasta ahora», concluye Kaar.

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